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Informacióndelapelícula

Calabuch

Imagen de la película
Ficha técnica
  • Director Luis García Berlanga
  • Título original Calabuch
  • Guión Leonardo Martín, Ennio Flaianno, Florentino Soria y Luis García Berlanga
  • Producción Águila Films y Films Constellazione
  • Fotografía Francisco Sempere
  • Montaje Pepita Orduña
  • Música original Francesco Angelo Lavagnino
  • Intérpretes Edmund Gwen (Jorge Hamilton), Franco Fabrizi (el Langosta), Juan Calvo (Matías), Valentina Cortese (la maestra), José Luis Ozores (el torero), María Vicó (Teresa), Francisco Bernal (Crescencio), José Isbert (don Ramón), Mario Berriatúa (Juan), Pedro Beltrán (Fermín), Lolo García (Felipe), Nicolás Perchicot (Andrés), Manuel Guitián (don Leonardo), Isa Ferreiro (Carmen), Manuel Alexandre (pintor), Félix Fernández (el cura)
Direc.: Luis García Berlanga
Nac: España. Año: 1956
Durac: 96 min.
Un científico norteamericano de notable prestigio internacional, cansado de trabajar en la elaboración de bombas atómicas, decide desaparecer del panorama mundial y refugiarse en el anonimato de un pequeño pueblecito con un censo de apenas mil habitantes, llamado Calabuch. Es allí donde el profesor, tras ser confundido con un vagabundo sin oficio, hogar ni amigos, será detenido por la guardia civil y encerrado en el calabozo.

Sin pretenderlo, el protagonista comenzará a mezclarse con los habitantes del poblado en compañía de otro singular personaje, "El Langosta", con el que comparte celda. Al ocultar su verdadero nombre, será rebautizado como Jorge, más popular para la comunidad. Su integración en Calabuch se produce sin traumas, haciéndose partícipe en todo tipo de actividades, aprendiendo a proyectar las películas en el viejo cinematógrafo, trabajando en el pequeño colegio y terminando por construir aquello que mejor sabe hacer: cohetes, que se elevarán hasta alturas nunca alcanzadas en aquella comarca.

Serán precisamente estos cohetes los que alerten a las autoridades mundiales sobre la localización de Jorge y acudan en su busca. Los habitantes, que sienten un gran afecto por el científico, se solidarizan y tratan de impedir su rescate, y todos, desde el guardia civil a la maestra, desde el contrabandista al párroco, se unirán para tal fin.

Pero Jorge sabe, desde lo más profundo de su ser, que es inútil oponerse a tales acontecimientos y, finalmente, decide marcharse por propia voluntad, sin ofrecer resistencia alguna. Cuando, desde el avión, contempla el pequeño pueblecito de la costa mediterránea, su satisfacción será inmensa porque sabe que existe un lugar en el mundo donde nunca será olvidado.

Crítica

Calabuch
Francisco Perales.
Cuando concluyó Novio a la vista, Berlanga intervino en varios proyectos que no llegaron a encontrar financiación. Fue entonces cuando entró en una etapa de búsqueda en la que pretendía encontrar una historia cuyo material pudiera ser tratado con una lógica cinematográfica y que al mismo tiempo fuera realizable. Se convirtió en un director exigente que buscaba ideas nuevas y un enfoque distinto al de sus contemporáneos. Entre los títulos que barajó estaban: El Gran Festival, Cinco historias de España, Los gancheros y Tierra de nadie, pero a los censores no les gustaron ninguno de los proyectos y pasaron al olvido.

Fue en esa búsqueda incesante cuando encontró un argumento de Leonardo Martín, que terminó por convertirse en la idea sobre la que nacería CALABUCH. El rodaje transcurrió sin grandes problemas; el equipo marchó a Peñíscola y allí rodó una película coral con la intervención y ayuda de todos sus habitantes.

El nombre de Luis García Berlanga ya era respetado por la profesión cinematográfica, hasta el punto de poder contar con un actor internacional de la talla de Edmund Gwen que había intervenido en películas tan importantes como La humanidad en peligro (1954), de Gordon Douglas, y ¿Pero quién mató a Harry? (1955), de Alfred Hitchcock.

CALABUCH también acudió a diversos certámenes nacionales e internacionales y llegó a obtener un gran éxito en el Festival de Venecia de 1956; la proyección fue el día 3 de septiembre, las carcajadas resonaron muchas veces durante la proyección, los espectadores interrumpieron la función varias veces con sus aplausos y constituyó un indiscutible triunfo. Encendidas las luces de la sala, las palmas se prolongaron por largo tiempo.

A la salida del recinto, Berlanga y todo el equipo estaban muy satisfechos del éxito logrado. El cineasta confesaría que su intención fue la de hacer una cinta honrada, sencilla y cordial, una película pacifista, en resumen. Finalmente dijo que la verdadera paz, para él, consistía en una pequeña guerra sin cañones, pero llena de acción (Berlanga, 1956, pág. 34).

El filme constituyó una agradable sorpresa y fue relacionada con grandes conmociones cinematográficas que se produjeron en otros Festivales: El hombre tranquilo y Día de fiesta.

Tras la proyección el cine español organizó una cena a la que fueron invitados los principales representantes del cine internacional allí asistentes. La noche concluyó con una puesta en escena que repetía la escena final de la película. Multitud de fuegos artificiales fueron lanzados al cielo veneciano que cuando estallaban se formaba la palabra Calabuch. La película llegó a obtener uno de los premios del certamen; el año 1956 fue una fecha importante para el cine español, y el Festival de Venecia era una buena muestra de ello, porque dos de nuestras mejores película consiguieron sendos galardones: CALABUCH y Calle Ma­yor. De nuevo, Berlanga y Bardem volvían a coincidir.

El jurado contribuyó a la consolidación de un nuevo cine español que comenzaba a despuntar y que se confirmaba con las dos películas presentadas. CALABUCH obtuvo aquel año el preciado galardón de la OCIC (Oficina Católica Internacional del Cine), premio que venía a demostrar el interés con el que los cató­licos recibieron la película de Berlanga. Fue una enor­me satisfacción conseguir un premio de tales caracte­rísticas, sobre todo si procedía de un festival como era el de Venecia.

Algunas escenas fueron tratadas con una gracia que funcionó con precisión, consiguiendo llegar hasta el fi­nal de la historia con una emoción sobrecogedora.

Berlanga consigue contar con una serie de actores de gran nivel internacional, entre los que destacan: el norteamericano Edmund Gwen, que logró transmitir ese matiz sensible y humano tan necesario para inter­pretar el divertido papel del sabio; Franco Fabrizi y Valentina Cortese, dos actores italianos muy respeta­dos en su país de origen, y el español Juan Calvo.

Ésta fue la última vez en la década de los cin­cuenta que Berlanga participaba en un festival de pri­mera categoría. Tendría que esperar hasta 1963, fecha en la que volvería a estar presente en un certamen si­milar; concretamente fue en el Festival de Venecia, donde acudiría con su obra más representativa: El ver­dugo.

Con CALABUCH, Berlanga alcanzó uno de los ma­yores éxitos comerciales de su todavía corta carrera, logrando permanecer en cartel cuarenta y dos días en las madrileñas salas Palace y Pompeya. La fecha de es­treno fue inmejorable, exactamente el 1 de octubre de 1956, aunque tuvo que competir con otras produc­ciones de gran atractivo para el público: Romy Schneider atravesaba por el cenit de su carrera, se había con­vertido en una de las actrices más populares, gracias a tres títulos que se proyectaban simultáneamente: Los jóvenes años de una Reina, Sueños de circo y el mayor triunfo de su carrera, Sissi; Gina Lollobrigida también conocía un éxito clamoroso con La mujer más guapa del mundo, que se colocaba ya en su semana número 28; William Holden y Kim Novak formaban la pareja más explosiva del momento en Picnic, y la popularidad de Sofía Loren comenzaba a subir interpretando comedias italianas del tipo Pan, Amor y... La industria española tenía solamente una película en la cartelera, pero se trataba de una fuerte apuesta, ya que contaba con el niño prodigio Pablito Calvo y su mejor película, Mí tío Jacinto, aunque no llegó a suponer ni la mitad del éxito que fue Marcelino, pan y vino.

CALABUCH tiene entre sus rasgos la huella de los momentos más felices de Bienvenido, Mr. Marshall, el del humor que campeaba en los sueños incrustados de aquel relato.

La película es sencilla de argumento y de realización. Está narrada con un lenguaje directo que huye de los excesos y las complicaciones, apoyada en unos personajes que defendían la opción de una forma de vida sencilla. El director pretendió ofrecer una diversión honesta, una pequeña fiesta que llevara a la mente de los espectadores un soplo de optimismo.

Toda la crítica estuvo de acuerdo en afirmar que CALABUCH era una película divertida desde el comienzo hasta el final, llena de gracia y de un tierno humor que culminaba en la típica escena sentimental. El filme presentaba un lugar idílico, con sus pequeños y humildes personajes despreocupados, optimistas, sin recelos ni rencores. Un lugar donde la cárcel no tiene llave, donde para celebrar las fiestas aparece anualmente un torero con el mismo astado al que, lógicamente, le profesa un singular cariño; un lugar donde la máxima aspiración de sus habitantes consiste en ganar vistosidad y suntuosidad en las competiciones de fuegos artificiales celebradas con las localidades vecinas, y un lugar donde una comunidad se agrupa para defender lo que considera auténtico, no dudando en formar un pequeño ejército para enfrentarse a otro mayor.

La opinión más generalizada acerca de CALABUCH fue la de ser calificada como la obra más ingenua de su realizador. Todo se toma a broma menos la bondad, la paz, la amable y pacífica convivencia; parece como si el cineasta quisiera pedir perdón por la conducta seguida en sus primeros años de profesionalidad y, para compensar las travesuras de sus inicios, adoptara un comportamiento reconciliador que incorporaba los valores éticos y morales que el gobierno defendía. El protagonista, Jorge Hamilton, era un ser viejo y cansado que conocería un cambio espiritual desconocido en su persona.

La trama resultaba creíble y verosímil, pero flotaba en el ambiente una cierta incredulidad en todo lo que allí ocurría, ignorándose o al menos evitándose casi por completo los defectos humanos que todo ser posee. Puede distinguirse una mezcla de lo real y lo imaginario, lo serio y lo festivo, lo vulgar y lo inusitado, apareciendo la exageración y lo esperpéntico, con la única intención de dibujar, en muchos momentos la caricatura.

El director ha contado con un estilo gratamente desenvuelto, de verdadera destreza técnica y exacta utilización artística, sin desviaciones rebuscadas ni confusas.

En cuanto al nivel artístico, la película fue duramente atacada. No hubo unanimidad en las opiniones, siendo, en su mayoría, de lo más diversas. La crítica más divertida y feroz la hizo Truffaut, quien describió en un periódico francés que la bomba atómica debería haber caído sobre la cabeza de Luis García Berlanga.

Los críticos españoles destacaron, una vez más, la ingenuidad en el tratamiento y en los personajes, el lenguaje directo y la interpretación, que fue en exceso alabada, no sólo del protagonista, Edmund Gwenn, sino de la mayoría de los actores secundarios que en ella intervinieron. Leer más.


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