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Comentario crítico
Tras la masacre efectuada por el Metro en su película anterior The red badge of courage, John Huston volvió a trabajar para sí mismo, y se embarcó con una pareja memorable en la más tierna y menos cínica de todas sus aventuras. El escenario fueron los ríos del Congo belga; el vehículo, una barcaza entrañable y desvencijada; los acompañantes, Humphrey Bogard y Katharine Hepburn, el pretexto, huir de unos alemanes de película; su trabajo , disfrutar de todo ello.
Se partía de una novela de C.S. Forester, autor de los libros “Flying coulours” y “The happy return”sobre los de Raoul Walsh hizo El hidalgo de los mares (Captain Horatio Hornblower, 1951).El carácter mismo de lo contado por Forester y la frase final con la que cierra su novela “….Si después de esto vivieron o no felices, es algo difícil de decidir”, prefigura ya la tonalidad de “cuento de hadas” que respira la película, impregnada sin embargo por el humor malicioso de Huston.
A pesar de las “sonoras” transparencias y sus obvias maquetas, que no parece que se preocuparan mucho en disimular, los exteriores de La Reain de Africa están filmados en la selva real del Congo (“Hubiese sido difícil rodarla en en los decorados de un estudio”, según el propio Huston), y las incomidades de toda índole, mosquitos incluidos, característicos del lugar, parece que produjeron algunas situaciones peculiares. Mientras la mayoría del equipo era víctima de la disentería, Bogard se libró de ella, ya que no probó nunca el agua del Congo , llegando incluso a lavarse los dientes con whisky , único líquido que bebía , y al parecer en grandes cantidades. Su aficción al mismo le llevó a verse involucrado en una situación que parece calcada de una de la secuencias de la película : Durante una noche , katharine Hepburn arrojó al río toda la bebida que Huston y Bogard habían almacenado, procurando incluso romper los cascos de botellas, y con la excusa de que el aliento del director y de su compañero de reparto le resultaba insoportable.
La Reina de África supuso la colaboración de Bogard y Huston y recibió por ella su primer y único Oscar, después de 65 películas en su haber. Inicialmente el proyecto del film se le propuso a Howrd Hawks, que no encontró en él atractivo suficiente : “Querían que yo hiciera ese film. Leí la novela y no sé si es que tenía resaca , o no me encontraba en forma , pero no me gustó nada. En mi opinión , se han salvado gracias a que hicieron una comedia: han tomado una situación muy seria y la han tratado de forma burlesca, eso me gustó”.
Inspirada combinación de comedia y aventura, se trata de un film cargado de humanidad, placentero y casi ”renoiriano” en cuyas imágenes se adivina la fácil comunicación de la naturaleza que Huston fue capaz de establecer. Su capacidad narrativa, su calma, su relajación y el sentido lúdico de la convivencia que puso en juego durante la filmación, le permitieron afrontar los problemas que surgían, en serena y tranquila armonía : “Cuando hacíamos La Reina de África y estábamos a punto de rodarla, descubrí que no tenía argumento…Por suerte encontré la solución antes de empezar a filmar …Escribí el final en África.
Pensé que debía tener un final feliz.Era esa clase de película”.
La alegría de una mirada gozosa y cómplice impregna cada uno de los planos del film como el resultado más visible de ese estado de ánimo. La espectacularidad de las más arraigadas convenciones de este tipo de relatos (el peligro que representan los indígenas o los animales)deja paso, con un desprecio absoluto por el género, a la humanidad de los personajes y la intensidad de su comunicación. Dando un paso más allá, cabe entender la película como un inteligente y malicioso divertimento, que no obedece a más reglas que a las suyas propias, y que es preciso aceptar de antemano para estar en condiciones de saborearlo y compartirlo.
Fernando Trueba ha descrito con singular inspiración la médula del film: La Reina de África es la historia de cómo una cursi dama inglesa y un marino sucio y borrachín se suben en una barcaza, y cómo cuando se bajan de la misma, ella bebe Gordon’s y sabe tripular un barco, y él es capaz de decir la mayor cursilería; y en donde, como en El maquinista de la general , la apoteosis del atolondramiento amoroso está dado por le acto de echar diminutas maderitas de una caldera capaz de consumir bosques enteros”.
La transferencia de personalidades, el descubrimiento de la sensualidad y de los cuerpos, el nacimiento de Rose al amor físico y a la pasión, resultan finalmente los verdaderos temas de una obra considerablemente atípica en la filmografía del autor, por lo que no resulta extraña la imagen que el propio Huston tiene de ella: “Guardo un cariño particular por La Reina de África , aunque sea una obra que me resulta ajena. No tengo la impresión de que sea una de mis películas. Es de otra vena…”
Hay una cierta resonancia del antecedente que supone La Reina de África en la historia de Sólo Dios lo sabe (1957), y el paralelismo entre la misionera solterona y puritana de Catherine Hepburn , y la monja de Deborah Kerr, resulta inevitable.
El enfrentamiento entre Rose y Charlie adquiere a lo largo del relato las características de un reto más allá de la lógica y de sus propias fuerzas. Frente a las calamidades y la testarudez se abren paso el descubrimiento progresivo del amor y la autoestima recuperada. Es el juego de la comedia en medio de la selva, emergiendo por encima de una huida imposible, a través de las estribaciones africanas de la guerra de 1914-18, y con un desenlace no menos imposible.
La pálida y tímida Rose que no ha salido nunca de la misión, y que no ha hecho otra cosa que rezar y tocar el piano, inicia una conflictiva relación con Charlie Allnutt, tan inofensivo como descreído, amante de la bebida, de la libertad y de la aventura, resacoso y confiado. El surgimiento del amor a través de los sentimientos reprimidos, de la convivencia forzosa, y de la diferencia de caracteres, desemboca en un matrimonio con la soga al cuello, tan improbable en la realidad como coherente en el resto de la narración. La relación entre ambos sirve para ironizar sobre lo ridículo de las “buenas maneras” y de las convenciones sociales, permitiendo que la mirada de Huston , solidaria y entrañable con ambos personajes, ponga en solfa el puritanismo y la represión que atenazaban a Rose, deliciosamente interpretada por K. Hepburn, que consigue tener a Charlie mirándola con indefensa y tierna cursillería después de haber pasado la noche juntos.
Humphrey Bogart , muy alejado del Rick de Casablanca, del Sam Spade y El halcón Maltés, o el Philip Marlowe de El sueño eterno; desprovisto de su máscara habitual de cinismo y de toda connotación romántica, se dedica a imitir a los monos para hacer reír a la “dama de sus desdichas”. Grotesco, borrachín y desdentado, entrañable y patético en ocasiones, como cuando dice que “lo que más odio en el mundo son las sanguijuelas”, tras salir del río con el cuerpo totalmente cubierto por semejantes bichos (sanguijuelas auténticas, aunque se aseguraron de que fueran químicamente puras, según ha contado Huston), y para cuya secuencia se negó a ser doblado. Es probablemente el Bogart más auténtico que ha dado nunca la pantalla La sabiduría y el sentido del humor derrochados por Huston en esta ocasión, no encuentran aquí la barrera de la distanciación , ni las referencias intelectuales que salpican la mayoría de sus películas. Se trata por tanto de su obra con mayor inmediatez y fisicidad, más directa y sensual. No sé si más auténtica, pero sí desde luego entre las más vivas y palpitantes de toda su filmografía.
John Huston.Carlos F. Heredero. Ediciones JC, Colección : Directores de Cine nº 14. Leer más.
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*Política de confidencialidad.13/07/2010.- La U.C.O. dará comienzo a este Máster a partir de octubre Leer más