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Informacióndelapelícula

Lola Montes

Imagen de la película
Ficha técnica
  • Director Max Ophüls
  • Título original Lola Montes
  • Guión Jacques Natanson, Annette Wademant, Max Ophüls (Novela: Cécil Saint-Laurent)
  • Producción Florida Films, Gamma Film, Oska-Film GmbH, Union-Film GmbH
  • Productor Albert Caraco
  • Fotografía Christian Matras
  • Montaje Madeleine Gug
  • Música original Georges Auric
  • Vestuario Georges Annenkov
  • Decorados Robert Christidès
  • Dirección artística Jean d?Eaubonne.
  • Intérpretes Martine Carol, Peter Ustinov, Anton Walbrook, Oscar Werner, Iván Desny, Lise Delatare
Direc.: Max Ophüls
Nac: Francia. Año: 1955
Durac: 110 min. / v.o.s.e.
Lola Montes fue una gran mujer, amante de muchos hombres importantes. Ahora Lola se ha convertido en la atracción de un circo de Nueva Orleáns, donde un maestro de ceremonias narra su vida al público mientras ella realiza un pequeño número acrobático.

Crítica

Comentario crítico
Antonio Castro, Dirigido por nº348, septiembre 2005
(…) Comentaba hace poco con un amigo lo curioso del caso de Max Ophüls, que habiendo sido uno de los cineastas defendidos con más vehemencia (…) por los integrantes de Cahiers, era casi un desconocido en nuestro país (…) se ha escrito –sorprendentemente- muy poco sobre su cine, si exceptuemos el caso de Carta de una desconocida, lo mejor de una estancia en EEUU plagada de desilusiones, desengaños y amargura (…)
(…) Por eso, tras constatar las escasas posibilidades que tenían sus proyectos de hacerse realidad en EEUU, Ophüls fue uno de los primeros directores europeos en volver al viejo continente toda vez que el peligro nazi había desaparecido. Su estancia en Francia coincide con su periodo de madurez, y constituye sin duda alguna su mejor época. Cuatro de sus mejores y más representativos films sales entonces de su mano: La ronda (1950), El placer (1951), Madame De… (1953) y Lola Montes (1955).
Esta última supuso su film postrero y Ophüls murió un par de meses antes de cumplir los cincuenta y cinco años. Lola Montes, además de representar un enorme fracaso económico (…) fue reiteradamente abucheada por el público (…) El escándalo alcanzó tales proporciones y las críticas a la película fueron –por regla general- tan feroces, que siete cineastas –entre los que podemos encontrar gente como Becker, Rossellini, Tati o Astruc- publicaron un manifiesto en defensa de la película en la que se afirmaba que “Lola Montes” es por encima de todo un acto de respeto al público, tan a menudo maltratado por los espectáculos de ínfimo nivel que alteran su gusto y sensibilidad (…)
Pero lo curioso de una obra como la de Ophüls en gran parte vuelta al pasado, es su absoluta vigencia en el presente. Quizás la razón de los escasos escritos que hay en nuestro país sobre la obra de Ophüls a que hacía referencia al comienza de este trabajo radique en la dificultad de verbalizar las características (…) de los films de Ophüls. Si se trata de un cineasta difícil de apreciar es aun mucho más difícil de explicar.
Difícil de explicar es en principio un cineasta que es lo menos realista que cabe imaginar –pintaba las calles y los árboles, y nunca quiso renunciar a los paisajes nevados de su infancia- a la vez que era un maniático defensor de los detalles exactos. Un director conocido –y unas veces denostado y otras celebrado por ello- por sus frecuentes y larguísimos movimientos de cámara y capaz de hacer repetir un plano a Vittorio de Sica innumerables veces porque parpadeaba demasiado bruscamente y esa brusquedad estropeaba el plano.
Imagino que los mayores problemas de Lola Montes con el público debieron llegar a causa de su construcción. La estructura de la película está concebida de forma que comience y concluya en el circo donde se exhibe a Lola Montes como un espectáculo de feria, como una nueva fiera exótica llegada a las jaulas del circo americano, y Ophüls utiliza las preguntas que le hace el público –concretamente una voz femenina le inquiere sobre si recuerda su pasado- para que aparezca en imagen las últimas horas de su relación con Linz. Volvemos al circo tras la despedida con el músico Meter Ustinov insiste en lo escandalosa de su vida, en que el número de amantes supone un récord, en la gran cantidad de hombres que se rindieron a sus encantos, para dar paso a continuación a una recreación de su infancia que los acontecimientos posteriores acaban demostrando que en nada responden a la realidad. Con eso Opüls logra dos cosas: por una parte decimos que el circo miente voluntariamente creando una pantomima extraordinariamente alejada de la realidad pero adecuada para calmar el apetito de los espectadores, y por otro consigue que cuando conozcamos los hechos verdaderos éstos alcancen un mayor dramatismo. Lola Montes funciona por contrapuntos y la actuación de Meter Ustinov es un ejemplo perfecto. Junto a la grandilocuencia de sus presentaciones intercala con frecuencia conversaciones privadas con Lola, sonde se interesa –por ejemplo- por el resultado de su consulta médica. Así la infancia feliz de una niña con una imperialista familia modélica de vuelta a Europa, donde vemos que Lola es una niña abandonada en un camarote colectivo, de la que su madre trata constantemente de deshacerse para poder disfrutar con su amante, precisamente el que fuera ayudante de su marido. Aquí ya pasamos de la representación del circo al recuerdo real que concluye con el intento de venta de Lola por parte de su madre al barón gotoso, lo que provoca la rebelión de la adolescente y su equivocado y prematuro matrimonio con un oficial violento y alcohólico.
Supongo que la alternancia de circo y recuerdos, junto a la modificación de la cronología y el paso de la representación a los hechos reales, algo que en el momento actual no representaría el menor problema, era excesivo para el de 1955-56, y determinó su estruendoso fracaso económico. Pero lo verdaderamente interesante a mi juicio del cine de Ophüls es que para hacer creíbles sus historias lo que busca por encima de todo es crear un ambiente en el que los personajes puedan moverse a sus anchas. Esto no significa renunciar a los primeros planos, pero justifica y casi obliga a sus frecuentes e interminables movimientos de cámara. Una vez conseguido esto lo siguiente en Ophüls es tratar de hacer surgir y mantener la emoción y el director consideraba que la continuidad del movimiento de cámara era la mejor manera de preservar tanto la continuidad de la emoción como la fluidez de la interpretación. De ahí su afán permanente de enlazar –no sólo desde el punto de vista mecánico- lo más posible los movimientos de los actores con los de la cámara –la mayor parte de los movimientos son siguiendo a personajes- huyendo del estatismo que a juicio de Ophüls conducía necesariamente a la teatralidad.
En última instancia la verdadera pretensión de Ophüls era tratar de ir no únicamente más allá de la realidad. Penetrar en la realidad para ver lo que de verdad se esconde tras su apariencia. Y alcanzar algo tan esencial, pero a la vez tan sutil y tan secreto casi nunca es posible por medio de los atajos. Se trata de algo tan valioso y delicado que haría que una aproximación demasiado directa lo hiciera estallar en mil pedazos. Y por eso el cine de Ophüls está repleto de rodeos que –de nuevo paradójicamente- acaban descubriéndonos hasta lo más recóndito y significativo del comportamiento humano.
Aunque evidentemente no es uno de sus aspectos más relevantes resulta muy curioso constatar que la película se adelanta a su tiempo desde numerosos puntos de vista. Asume los riesgos derivados de no ser un film complaciente sino todo lo contrario e incluso –algo que hoy por ejemplo sería inviable- suscita reacciones de toda una serie de profesionales que osan discutir que el público, la taquilla o el mercado no tienen que decir siempre y necesariamente la última palabra. El fracaso de Lola Montes fue un golpe muy duro para Ophüls, que de nuevo con gran visión de futuro concluía: “me tomaré la revancha dentro de veinte años en los cineclubes. Lo malo es que dentro de 20 años ya estaré muerto”.
De nuevo acertó en lo esencial y se equivocó en lo episódico. Murió año y medio más tarde, y en 1960 Lola Montes ya era considerada como una película clave en la historia del cine francés de la posguerra. Leer más.


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