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Comentario crítico
Extracto de Hilario J. Rodríguez en Dirigido por, nº 350, Noviembre 2005.
Buena parte del cine político que se hace en Europa o en Estados Unidos siempre me ha parecido como escuchar un debate entre torys y laboristas en la Casa de los Comunes de Gran Bretaña o, en menor medida, como escuchar a nuestros representantes políticos en el Congreso de los Diputados. Las palabras pueden sonar más o menos convincentes, pero las imágenes decepcionan invariablemente, porque rara vez contienen la urgencia que requiere el presente. Parece como si los directores obedeciesen las mismas reglas protocolarias de los políticos, haciendo un cine tranquilo y cabal, para jubilados y no para gente a la que de verdad le interesa conectarse con el tiempo que les ha tocado vivir. A menudo las películas carecen del lado más salvaje de aquello que pretenden poner en evidencia, están atrapadas por constreñimientos similares a los de cualquier informativo donde se intenta no ofender al público más allá de lo razonable. Hasta cierto punto, son anestésicas, nunca sobrepasan ciertos límites (fijados por la decencia, además de por cuestiones relacionadas con la necesidad de abarcar a un mayor número de espectadores). Por eso me gusta la falta de remilgos y la agresividad de directores como Raymond Depardon o Frederick Wiseman, que nunca se andan con coñas cuando quieren contar algo de provecho sobre la sanidad, el paro, la violencia doméstica, el ejercicio de la ley, los problemas con la vivienda, la inmigración... Estoy de acuerdo con que posiblemente no hagan cine bonito o virtuoso; sin embargo, nadie puede negar que sus films son emocionantes.
También El jardinero fiel es un film emocionante, aunque no deje por ello de ser bello y virtuoso. Sabe contrastar la elegancia dialéctica del cine político occidental (proveniente de las mejores novelas de espionaje) y la furia del mejor documentalismo (con un carácter dinámico, de gran sensualidad y muy musical). Estas dos fuerzas, en apariencia antagónicas, pueden verse ejemplificadas a través de los dos personajes principales, Justin Qualye (Ralph Fiennes) y Tessa (Rachel Weisz), su esposa. Él es un diplomático británico y ella, una activista. Pueden considerarse dos polos opuestos. Uno es comedido, flemático, dócil y civilizado (cuando se dedica a la jardinería, se abstrae por completo de los problemas de este mundo); y la otra es pasional, impetuosa, agresiva e incivilizada (se trata de una ciudadana con voz propia, no de una corderilla, que a él le recrimina durante una charla que da sobre la intervención de los países industrializados en el Tercer Mundo). La diferencia, no obstante, es de mayor alcance, pues él representa a un país y ella no representa a nadie en concreto, sólo a los más desfavorecidos, dondequiera que estén. A Tessa la asesinan en Kenia al comienzo del film, fragmentándose así la historia, que en adelante avanza y retrocede, mientras que Justin intenta descubrir quién asesinó a su mujer y por qué motivo. Con esos saltos temporales, la cámara se muestra inestable. Para captar el presente, mantiene una perspectiva firme, con planos fijos y tomas largas (como cuando Justin se entera de la muerte de su esposa); y para captar el pasado, sigue el modelo de los reporteros, moviéndose a hombros del operador. Salvando las distancias, el resultado no está muy lejos de lo que habría provocado una combinación entre Carol Reed y Glauber Rocha. O una combinación entre el cine narrativo clásico y los nuevos cines que surgieron a lo largo de la década de los sesenta.
Si uno está mínimamente familiarizado con las novelas de Graham Greene o John Le Carré, sabe identificar a los personajes que van apareciendo a lo largo del metraje, desde el cínico a quien interpreta Bill Nighy hasta el misterioso a quien interpreta Pete Postlethwaite. Ni siquiera el posible adulterio de Tessa, a quién se le atribuye un romance con un doctor africano (Hubert Kounde), es algo nuevo para cualquiera que haya leído las novelas de esos autores, donde el concepto de lealtad se pone en cuestión con bastante frecuencia. Lo que más sorprende de El jardinero fiel es la sabia combinación de un tema desarrollado con inteligencia y su sincera visualización. No existe una contradicción entre lo que pretende decir y lo que pretende mostrar. Quizás por eso ninguna de sus imágenes da la sensación de estar domesticada. En ese sentido, la presencia de Fernando Meirelles detrás de la cámara fue vital. Después de todo, es un cineasta brasileño, proveniente de uno de los países más vastos y diversos del planeta, lo cual lo convierte en alguien idóneo para plasmar la enorme complejidad de África.
Igual que nuestras lenguas son incapaces de describir de forma detallada la superficie y la esencia africanas (pues ni el latín ni el griego abarcan todas sus especies, ni nuestra concepción cultural nos permite entender la suya), las imágenes que solemos producir del continente africano suelen ser, en el mejor de los casos, exóticas. Jean Rouch, Noël Ballif, Georges Régnier, Edmond Séchan o Jacques Dupont dedicaron buena parte de sus vidas a cambiar nuestra percepción de África, rodando films en ocasiones difíciles de digerir, como Les maitres fous (1955), de Jean Rouch. Gracias a ellos, estamos más prepardos para respetar las diferencias que nos separan del mundo africano, por mucho que sigamos sin entenderlo. Eso es, a su manera, lo que descubre poco a poco Justin en El jardinero fiel, a medida que su investigación del asesinato y posible infidelidad de su esposa destapan los intereses de la industria farmacéutica en África, donde puede enviar medicamentos en fase experimental, para probarlos con enfermos de sida o con quienes le dé la gana, porque en realidad ningún europeo y ningún estadounidense presta demasiada atención a lo que sucede en el Continente Negro, a no ser cuando alguna avalancha de inmigrantes intenta cruzar nuestras fronteras, huyendo de guerras, hambrunas, sequías, epidemias, abusos... O quién sabe si no huirán de la herencia que dejamos allí o de las atrocidades que todavía cometemos. Leer más.
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*Política de confidencialidad.13/07/2010.- La U.C.O. dará comienzo a este Máster a partir de octubre Leer más